Aparece por el salón, ése tan acogedor que tiene el anciano abuelo preparado para las visitas de sus infantes nietos, uno de los más peques con cara tristona y ojos vidriosos. “¿Qué te pasa, pequeño?” “Nada abuelo, que he visto una cosa en la calle que me ha dado mucha penita” le contestó el nieto medio llorando.
“Siéntate aquí y cuéntame que te pasa, anda!” Le comentó el arrugado abuelo. “Po ná abu, que he salido a la calle, a jugar con los amiguitos del bloque de enfrente que tienen allí un patio dentro de su casa enorme para poder jugar al balón, y antes de cruzar me he topado con una señora mayor con un perrito en brazos. Se le veía malito y muy viejo y lo llevaba en brazos camino como del veterinario y me he puesto triste.” “Bueno, querido nieto, no estés triste, seguro que no le pasa nada y su médica es capaz de recuperar al animalito”.


“Abuuuuuu!!!! ¿Dónde estás?”, gritaban los niños. “El abuelo ha salido”, les comenté. “Jooo, queríamos que nos contase alguna historia de las suyas… y ¿cuándo vuelve?”. “Pues ha salido de viaje, así que tardará unos días”, les volví a contestar. “¿De viaje?, pero si el abuelo siempre ha estado en su ciudad, él nunca ha viajado ¿no?” “Jajaja”, rompí a llorar de la risa, “el abuelo, pese a querer como quiere a su ciudad, la que le vio crecer, amar y sentir. También ha disfrutado mucho yendo a otras ciudades y conociéndolas”




Comentarios